En varias zonas del país se detectan suelos pobres en fósforo, zinc y selenio, lo que repercute en cuadros clínicos como bocio, infertilidad, retención de placenta y menor inmunidad. Un correcto programa de mineralización, adaptado al perfil del suelo y la dieta base, es clave para mantener la sanidad y productividad del rodeo. Ignorar este aspecto suele resultar más caro que prevenir.

