Las altas temperaturas y la humedad relativa elevadas afectan el comportamiento alimentario, reduciendo el consumo voluntario y aumentando los requerimientos energéticos de mantenimiento. Implementar estrategias como la provisión de sombra, acceso permanente a agua fresca y el uso de aditivos nutricionales como levaduras vivas o tampones ruminales, puede mitigar el impacto del estrés térmico sobre la performance animal.

